A veces me pregunto quiĂ©n inventĂł los refranes. Seguramente alguien que dormĂa tranquilo, alguien con la piel tersa y el alma en orden. Alguien que no conocĂa la realidad fria de la sociedad ni el peso del silencio cuando nadie te mira... o peor aĂşn, cuando te miran pero no te ven.
Dicen tantas cosas para romantizar la tragedia o miseria en el peor de los casos; por ejemplo, eso del “al mal tiempo, buena cara”… jamás lo puse en práctica. ÂżCĂłmo podrĂa? Nunca he tenido una “buena cara”. Solo soy esto: una mariquita fea y rara que vuela en este valle de lágrimas.
Un valle donde las santas me repudian, las brujas me protegen y las “putas”… ah, las putas me entienden.
Supongo que por eso no soy vista. No nacà para ser modelo de revista, ni mucho menos para ser la cara bonita en la televisión. Solo soy un feo “maricón” que, poco a poco, se va quedando sin amor.
Tal vez por eso no me quieren. Y no es solo por la fealdad fĂsica, no… es por ser una “artista” en decadencia. Ya saben lo que dicen: que “todos los homosexuales son artistas”. Pero yo… yo solo soy una frágil mariposa que ronda las calles, esperando a que llegue mi amado.
Pero mi amado ya tiene a otro a quien amar. Alguien más lo tiene embelesado, cautivo…
Lo tiene preso, igual que el repudio social me tiene a mĂ. Ese repudio que me excluye, que me borra. Pero yo… yo solo quiero ser vista. Ser amada. Y tal vez, si nos ponemos un poco narcisistas… ser un poco admirada.
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