¿Cuándo dejaré de escribirte?
Te escribo de día y de noche,
en esas horas pasas más por mi mente.
Me dejaste tan dañada con tu ausencia,
pido clemencia.
Que Dios o una deidad me den paciencia
para soportar la demencia que me provocaste
el día que de mi vida te marchaste.
Quiero que esa paciencia me ayude
a sanar ese dolor abismal que dejaste
entrañado en mi carne.
Esa carne que era tuya y sigue siendo tuya,
por si algún día decides volver.
Que Dios me unga con su misericordia
para parar con la sangre que me dejó tú herida.
Esa herida que me desangra y desgarra.
¿Volveré a escribirte poemas de amor?
¿O solo podré escribirte poemas de dolor?
Necesito un antídoto para sanar este ardor.
¿Será el antídoto tu amor?
¿Será el antídoto tu calor?
¿Será el antídoto tu olor?
o solo sigue siendo ese deseo desgarrador.
Ese deseo que te quiere de vuelta en mi vida.
Seguiré escribiendo para no olvidarte,
para no sacarte de mi vida.
Siempre tuya en cuerpo y alma, R.
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