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Said y el dios jobo

Opal

Jan 6, 2026

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Said y el dios jobo
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Agosto en Tuxpan no solo provoca una celebración ganadera donde la Virgen se digna a salir a sudar la gota gorda —bajo ese infernal sol que retiene la lluvia y nos brinda, en su lugar, gotas saladas que recorren el cuerpo en vez del cielo—. El camino que recorre la imagen deja tres cosas: pisadas de caballos cansados, estiércol provocado por el peso y una mancha cuadriculada que la persigue. Esta última se debe a las tantas prendas de dicho patrón porque, claro, no se puede ser ranchero sin una camisa de cuadros que detone ese estatus agrario. Se podrá prescindir de las tierras, el ganado y el caballo, pero jamás de la camisa; si no, ¿cómo te jactarías de ser de rancho?

Este mes se adorna con juegos mecánicos, bailes y animales de granja; incluso parece que la naturaleza sabe que es tiempo de festejo y ocio. Ciertos árboles brindan frutos amarillos; supongo que es porque confían en su propia belleza y por eso dan ese fruto de color vibrante pero de sabor agridulce… algo así como cualquier ex tuxpeño (o novio, en el peor de los casos). A ese fruto de temporada se le conoce como “jobo”. La relación que tenemos con él es tradicional; en mi caso, yo diría que es más familiar, como ocurre con mi sobrino Said.

Said es un fiel adorador del “dios Jobo”. A pesar de su corta edad (apenas cuatro años), la cual le prohibía aún el kínder, no conocía la doctrina, pero sí la práctica.

Me atrevo a decir que le tiene más obediencia al gran Jobo que a su propia madre. El sonido que emite el fruto al caer capta su atención mucho más que la voz de quien lo concibió; aquella voz que te arrulla durante nueve meses mientras tú la atormentas con esas patadas, creyéndote jugador de la selección: pateas y pateas, pero no atinas ninguna.

Rápido corres a recoger aquel fruto y dices: “Mamá, es para mi vaso de agua”. Ojalá así fueras de obediente cuando ella te dice: “Said, cálmate”, “Said, ya siéntate”, “Said, recoge tus juguetes”… ¡Said, Said, Said!

Supongo que tu madre te educó de forma excepcional para ser recolector, pero no para ser educado. ¿O acaso esto se debe al divino sonido del gran dios Jobo? ¿Será un milagro que solo las festividades y la temporada pueden lograr? Ese milagro de que seas un niño bien portado; un niño que entiende a la primera, tal como entiende el sonido del fruto cuando choca contra la lámina.

Ante tal milagro por eso el jobo lo considero un dios, tradición porque no puede faltar en la feria y en los hogares, y por ultimo deleite para los tuxpeños.

Opal

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