Déjame encontrar mi alma a través de la melancolía del tacto
Y tener miedo de no entender otra cosa que no sea estar vivo.
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Que las palabras sucias, obscenas, tacitas y húmedas se vuelvan proyectiles y me atraviesen una y otra vez, para que camine por el único camino que me haría almenos no sentir nada, pero aún sangrando .
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Y que el diablo de un abrazo me haga sentir en casa y me convenza de que podría ser peor, mientras desgarra mi espalda para beber de las llagas la poca fé que aún me queda.
Que a mordidas arranque mis piernas y brazos y me quede con el único destello que se filtra en las persianas de mis ojos; y del asco derretirme junto con todo lo que alguna vez sintió mi tacto y con todo lo que alguna vez escucho mi voz, y que la última gota de mi alma encuentre a lo largo de todas las eras el camino al mar, para que la espuma y la sal me remitan al terciopelo de mis grietas, para que así, vuelva a recordar que alguna vez fui tierra, fui árbol, fui casa, fui aire y fui carne .
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Y que hasta el diablo llore de lo horrible que es no vivir.
El tacto, el sexo y el asco
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