Nunca te lo dije porque decirlo era condenarte a cargar algo que es mi culpa; mía por permitirlo, mía por hacerlo, mía por darte ese poder. Pero desde la primera vez que te fuiste, mi cuerpo aprendió a desaparecer, a desarmarse por tu ausencia.
Dejé de comer, como si así pudiera detener el tiempo; como si el hambre hiciera que las horas no pasaran y no sintiera que te alejabas cada vez más.
Pasaba la noche en vela esperando alguna señal que diera indicio de que no era la única que necesitaba de esto. Quedaba suspendida escuchando cada ruido, pensando que eras tú regresando, como siempre prometías.
Y cuando tardabas un poco más, mi cuerpo lo entendía antes que yo, vomitando tu ausencia como si el amor también se expulsara, como si eso me hiciera sentir mejor.
Aquella vez en el hospital no fue el mundo: fuiste tú y tu forma de irte. Mientras tanto, yo ocultaba de todos lo que en realidad pasaba con una bomba de humo, escondiendo la razón real por la cual estuve ahí tantos días, cubriéndola con cualquier excusa.
Todos vieron cómo me destruí tomando tantos medicamentos, cómo lloré miles de veces sin razón aparente e incluso cómo arruiné momentos increíbles por estar pensándote todo el tiempo.
Me desconocí.
Olvidé quién era yo antes de ti; antes de preocuparme todo el tiempo, antes de no poder dormir hasta la madrugada. Pero dime, ¿qué más podía hacer si eras mi mundo, mi todo, y yo te había dado ese poder?
Incluso al psiquiatra le hablé de ti y cada vez que lo hacía terminaba llorando, porque me decía algo que yo misma no quería aceptar. Te defendía a capa y espada, como si hablar de ti me salvara, aunque en realidad yo misma me destruía poco a poco defendiendo lo indefendible.
Yo solo pensaba que era la primera vez que alguien me amaba a manos llenas, hasta que tus manos empezaron a vaciarse; hasta que hubo un límite que rompimos miles de veces y al cual llamé amor debido a todas las películas que había visto.
Despertaba cada día sin saber si me ibas a querer; si tu “quiero que estés aquí” era verdad o el preludio de tu despedida; si cada vez que me decías "linda" era por compromiso o en verdad lo pensabas; si cada que me veías sin decir nada y te brillaban los ojos era con la intención de ilusionarme o porque me mirabas como si sintieras lo mismo.
Olvidé que el amor no debía doler así, pero eso es todo lo que he conocido y solo me han amado de esa forma. Olvidé que yo también existía fuera de ti y, mientras todo en mi vida florecía, yo solo pensaba si ese día ibas a quererme.
“Dios te mandó a mi vida”, dijiste, y yo me quedé a vivir en esa frase aunque ya no estuvieras, repitiéndomela día a día como si eso arreglara todo; pero ya habían pasado muchas cosas desde entonces.
Lloro mientras escribo esto porque te nombro como herida cuando para mí eres lo más sagrado que existe. Te amo de una forma tan intensa que me aterra, porque estoy a nada de cambiar mi vida y tomar ese vuelo solo para perseguir el eco de tu voz.
Si llamas voy a responder como si fuéramos las de antes, aunque tenga que pasar la noche con el pecho abierto. Pero tú no amas así, porque recuerdo la vez que dijiste que tú no harías lo que yo por nadie más, y yo me rompí intentando que cambiaras de opinión.
Me destruyó amarte, pero sé que valió la pena porque, a pesar de las sombras, sigues siendo el sol más brillante que he conocido. Si tuviera que describirte, ni siquiera diría una sola palabra mala; no te odio, al contrario, me siento agradecida por haber compartido un cachito de tu vida conmigo, por lo cual siento un profundo amor y admiración hacia tu persona.Todo esto ni siquiera fue porque tuvimos algo, sino porque en verdad eras especial para mí y me duele en lo que nos hemos convertido.
Aún así no pienso huir, solo alejarme hasta que sane tu ausencia, porque en verdad no quiero no saber nada de ti cuando para mí fuiste importante. Así que se lo dejaré al tiempo y tal vez en un año nos reiremos de esto, si es que volvemos a hablar.
No quiero entender, no quiero hablar, incluso ya ni siquiera quiero que te quedes y que me digas que esta vez no te vas. No necesito que me des algo; solo déjame ver de lejos, sin que ninguna interrumpa la paz de la otra.
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