Dicen que una página basta para confesar lo que siente un corazón.
El mío nunca entendió esa clase de límites.
Yo necesito una historia completa.
Y aun así, cuando escribo la última palabra, siempre me invade la insoportable certeza de haber dejado afuera lo más importante.
Esa ha sido siempre mi condena.
Nunca aprendí a sentir con prudencia.
Mientras otros conservan recuerdos, yo los alimento, los vuelvo a vivir. Les doy un hogar dentro de mi cabeza hasta que dejan de ser simples recuerdos y empiezan a sentirse como otra realidad.
Es un defecto. Lo sé.
Porque cuando alguien consigue atravesar las paredes de mi pecho, ya no encuentro la forma de devolverla al mundo.
Se queda en mis pensamientos, en mis silencios, en el espacio entre un latido y el siguiente.
Y entonces escribir deja de ser un pasatiempo.
Se convierte en la única manera de impedir que mi propio corazón termine rompiéndose bajo el peso de todo lo que calla.
Hay emociones que apenas rozan la piel.
Las mías siempre encuentran la manera de abrirse paso hasta el pecho, de mezclarse con cada latido, como si el corazón hubiera olvidado que nació únicamente para mantenerme con vida.
Desde que apareciste, late como si intentara escribirte desde adentro.
Qué ironía.
Yo creyendo que era la mente la que inventaba las historias…
y resulta que era el corazón dictándolas en un idioma que nadie más entiende.
Hay quienes escriben cartas.
Yo intento construir refugios,
universos, vidas enteras.
Porque una página jamás soportaría todo lo que mi pecho insiste en pronunciar cada vez que tu nombre cruza mi mente.
A veces me pregunto si esto sigue siendo amor… o si ya se convirtió en esa extraña forma de locura donde alguien empieza a habitarte incluso cuando no está.
Y lo más inquietante… es que nunca quise escapar.
Tú dejaste una versión de mí que ya no sabe existir sin escribirte, aunque nunca leas una sola línea.
Pasé tanto tiempo creyendo que las palabras podían contener cualquier sentimiento.
Me equivoqué.
Desde entonces, mi cabeza dejó de parecerme un lugar seguro.
Así descubrí que incluso una biblioteca puede quedarse pequeña cuando un corazón decide sentir más de lo que fue hecho para soportar.
Porque algunas personas no caben dentro de un libro.
tú…
te convertiste en esa historia que jamás terminaré de escribir.
No porque le falte un final…
Sino porque hay sentimientos que, cuando nacen demasiado profundos, terminan sobreviviendo incluso a quien los escribe.
Our picks
Become a supporter of quaderno
Support this independent project and get exclusive benefits.
Start writing today on quaderno
We value quality, authenticity and diversity of voices.


Comments
There are no comments yet, be the first!
You must be logged in to comment
Log in