Quince de septiembre, el día que destrocé mi patria y quererte fue revolucionario. Tengo los ojos cargados y ya se me olvidó cómo llorar, me duele la cabeza, yo también quiero gritar y levantarme en armas pero tampoco sé si alguna vez eso será suficiente.
Te escribo algunas cartas que nunca te envío mientras acerco mis manos al fuego y procuro velarte por las noches para ver si vuelves, o por si aquella luz te sea suficiente para ver entre tanta oscuridad.
Ay mi flaco, ni cómo ayudarte, ya ni me da pesar que no me extrañes, me hace pensar que así como otros, tampoco fui importante para ti, y no estoy tratando de victimizarme, quiero ser realista y es que así me sentí todo el tiempo, carezco de importancia y me genera curiosidad cómo me contemplas ahora que ya no estoy, si beberás y besarás a otros chicos pensando en mí, si llorarás por las noches al no tenerme, o si me recordarás estos días en los que ha llovido y ha estado tan nublado. La próxima vez que te inviten a fumar algún cigarro mentolado espero que pienses en mí, mi niño, como cuando te enseñé a fumar y no te ahogaste, o cuando te mostré el dolor en los gatos negros y callejeros, porque yo escribía poesía sobre ti, de lo revolucionado que me sentía al quererte, y ahora que no estás, grito tanto, me levanto en armas.
Our picks
Become a supporter of quaderno
Support this independent project and get exclusive benefits.
Start writing today on quaderno
We value quality, authenticity and diversity of voices.


Comments
There are no comments yet, be the first!
You must be logged in to comment
Log in