El Príncipe sanguinario
El Reino Grom poseía muchos secretos, el más conocido, tal vez, era sobre el legado de la familia Aldervane. Antes de que existiera el Reino, unos extranjeros llegaron a estas tierras para escapar de sus perseguidores y se asentaron en busca de una mejor vida. Un hombre con ansias de poder y sueños de grandeza siempre buscaba la manera de alcanzarlos.
Aquel Aldervane fue el primero en tomar las armas contra los monstruos, todo con tal de defender el territorio. Cuentan las historias que todo cambió cuando encontraron algo en una misteriosa cueva, aquel hombre se había encontrado con algo, o alguien, que superaba por mucho su entendimiento.
Ese ser, al sentir sus ansias de poder, le propuso un trato, a cambio de su sangre y de permanecer a su lado, le prestaría su poder. Desde ese día todo cambió en el Reino Grom. Con la fuerza que obtuvo, aquel hombre logró conquistar más territorios, las demás familias confiaban en él, en su protección y en su forma de gobernar.
Así fue como el Reino de Grom creció enormemente. La familia Aldervane fue reconocida y, al hacer un trato con aquel ser, se aseguró de que el poder solo pudiera ser transferido a su descendencia, garantizando así la prosperidad de los suyos.
Pasaron tres generaciones de la familia Aldervane, y sus descendientes heredaron aquel poder del misterioso ser para gobernar el Reino. Siempre hubo guerras, ya que el Reino de Broam nunca cedía sus tierras. El conflicto empeoró cuando “La carne” empezó a surgir, contaminando un amplio terreno que rodeaba ambos reinos.
La comida, el agua y los recursos comenzaron a escasear, por lo cual las guerras nunca se detuvieron. El gran poder del actual Rey pasaría a sus hijos, bueno, solo a uno. Pero surgió un problema, ninguno fue compatible.
El Rey tuvo cuatro hijos, todos varones. El mayor era Eldric, luego le seguían Aldric y Lorian. Por último nació Elidron, el menor y el más enfermo desde pequeño. Elidron nació con huesos débiles, problemas para respirar y poca movilidad en las piernas, por lo que caminaba lento y con cierta torpeza.
Al ser alguien débil, solo apto para tareas domésticas y no para la guerra, fue despreciado por la mayoría de los habitantes del castillo. La fuerza lo era todo en el Reino de Grom. Sin embargo, como nadie podía heredar aquel poder, los tres hijos del Rey habían sido rechazados por ese ser de sangre. Desesperados, buscaban una solución, no existía un futuro sin ese poder.
El Reino de Broam, al ser una alianza, contaba con muchas casas donde existían personas poderosas, incluso de razas algo distintas. Entre ellas estaban las famosas brujas de Lyriana, aquellas que podían predecir ciertos acontecimientos del futuro, o eso decían los rumores. También contaban con la casa más grande de cazarrecompensas, con miembros extremadamente habilidosos. Y, por supuesto, la Reina Eclipsada, dueña de la legendaria espada Eclipse junto a sus hijas.
Debido a todas las amenazas cercanas, los Aldervane no podían perder aquel poder, por lo que la única solución sería hacer un nuevo trato. Solo aquellos de sangre real serían los únicos posibles candidatos a heredar ese poder. Por esta razón, los altos mandos decidieron sacrificar al único hijo no respetado, para convertirlo en portador del nombre Aldervane.
Aunque algunos estaban en contra, la mayoría, incluido el Rey, estaba de acuerdo. Todo se llevó a cabo y aquel pobre niño fue dado por muerto.
Segunda oportunidad
Un pequeño niño tembloroso se encontraba en compañía de su padre, le resultaba extraño su comportamiento, normalmente no le dedicaba tiempo. Pero no le tomó importancia, se sentía feliz, ya que había devorado su comida favorita sin rechistar.
El castillo estaba muy silencioso, los pasillos adornados con cuadros de criaturas, algunos trofeos disecados y simples decoraciones. El piso tenía un tono naranja con rombos y diseños llamativos.
De camino a donde su padre lo llevaba, pasaron por un pasillo que conectaba dos secciones del castillo, él jamás había estado en ese lugar. Le llamó mucho la atención los gritos y gruñidos de unos hombres. Se encontraban en la explanada del patio, practicando con espadas brillantes y escudos de madera.
—Papá, ¿cuando yo sea grande puedo ser un soldado? —preguntó el pequeño desde su inocencia, avanzando con ayuda de sus muletas y apoyándose en su padre.
—Sí —lo miró unos segundos directamente al rostro y luego desvió la vista hacia la imponente puerta de acero a la que se aproximaban.
Al llegar, el Rey la abrió con una mano mientras sostenía a su hijo con la otra. El metal crujió al moverse y, junto a ese sonido, se percibía algo más. La habitación era enorme y no estaba iluminada, solo se veía oscuridad. Ahí dormía aquella bestia.
El niño entró con miedo, al cruzar la gran puerta, su padre solo dijo unas palabras.
Lo siento.
Acto seguido, se escuchó cómo la puerta comenzaba a cerrarse, el ruido era demasiado fuerte, más aún cuando terminó de sellarse por completo.
Esto espantó al pequeño, que cayó junto a sus muletas. No estaba solo, algo empezó a hacer ruido, como si un oso gigante despertara de un largo sueño.
La habitación, que estaba en completa oscuridad, comenzó a iluminarse con un tenue color rojo carmesí. Era una bestia extraña, como si fuera una nube, con una sonrisa enorme y ojos, pero era un humo muy intenso. No se podía ver bien debido a toda la oscuridad.
Los dientes de la bestia eran intimidantes, el pequeño se encontraba muy asustado, torpemente se levantó con ayuda de sus muletas.
—Ven, no temas —aquella voz era bastante gruesa y muy intimidante.
El pequeño estaba realmente asustado, no sabía qué hacer, volteó hacia la gran puerta e intentó abrirla o llamar a su padre con desesperación, pero nada pasó.
—Hagas lo que hagas no podrás salir de aquí —la voz tenebrosa le habló—. Eres mi comida, un sacrificio que los tuyos han pactado.
—Mientes, mi padre no haría eso —el pequeño se notaba triste, como si supiera la verdad, pero aun así intentara negarlo.
—Los muy tontos tienen miedo de perder mi poder al no tener a nadie compatible, así que te han ofrecido como mi comida.
Aquel ser de un rojo carmesí hizo un movimiento rápido, cortando la pierna del pequeño, este, asustado, cayó y empezó a llorar.
La sangre comenzó a deslizarse hasta el suelo, el monstruo empezó a saborearla, los sonidos delataban una sensación similar a cuando alguien prueba algo delicioso por primera vez.
—Mmm, delicioso —dijo el monstruo—. Oye, pequeño, ¿qué eres?, eres realmente delicioso.
Los llantos continuaban, incluso cuando el monstruo intentaba calmarlo.
—Oye, te propongo un trato.
El niño se calmó por un momento y volteó a verlo.
—Si me dejas vivir en ti, prometo no devorarte, y a cambio te prestaré mi poder.
La mirada del pequeño era de sorpresa, simplemente asintió con la cabeza. Con ese gesto, aquel niño había sellado su futuro, convirtiéndose en el nuevo portador del gran poder del Reino Grom.
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