Me duele no saberte,
no conocerte,
no despertar a tu lado por las mañanas.
Esperar por ti entre comidas,
que vuelvas a casa
y me sienta querida,
que quieras acurrucarte entre las sábanas
y no soltarme
después de hacerme sentir amada.
Que seas tú
quien se coma mi horrible comida,
que sepas que soy yo por quien suspiras
y por quien esperas durante el día,
que nuestras almas quieran siempre
permanecer unidas.
Me duele no tenerte,
no poder fumarnos un cigarro
mientras hablamos de lo mundano,
ver nuestras películas favoritas
y explicarte la historia que he dejado escrita.
Que sepas que todos mis poemas
tratan sobre ti,
sobre lo mucho que añoro tus caricias.
Escoger nuestra ropa favorita,
que me digas que hoy me veo linda,
que me beses la cara
y me quieras tener a tus brazos atada.
Acostarnos
y escuchar nuestras canciones favoritas,
mientras me cuentas lo que tus amigos platican.
Me duele no saberte,
no tenerte.
Maldita mi suerte:
llegaste a otra morada
donde te sentiste más querido,
y yo me he quedado aquí,
en casa,
con la comida hecha,
las sábanas limpias
y el corazón deshecho.
Quizá algún día regreses
y veas que aún te esperan mis caricias,
y aquel cigarro
que prometimos fumarnos.
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