La brisa de la noche cálida que acompaña,
sentía el cobijo de la penumbra.
Las luces y ese tono gouda en luna,
el ruido de fondo, las risas y los murmullos.
Todo en una noche inexplicable,
las mariposas volaban en mi abdomen,
la poesía parecía que tomaba forma,
imaginando el tono de tu rojo en mi mejilla.
Desnuda mi corazón, acaricia mi mente,
relaja mi pensamiento, enaltece mi querer.
Voz en tonos musicales, boleros suaves,
ojos que muestran el alma vulnerable.
Cupido dichoso, la flecha tuvo certeza,
las estrellas tocando su canción.
Mi noche estrellada, tonos de suavidad,
pero no la de tus labios.
Destino, mi compañero de aventuras,
como artista me pintaba el camino.
Aterciopelada, la textura de su piel,
las manos y el corazón inquieto.
Mi mente buscando el momento,
mi alma en tanto con el argumento,
expectante de lo prohibido:
su beso que no pudo ser.

Adrián Arenas
No leemos ni escribimos porque sea tierno, escribimos y leemos poesía porque somos miembros de la humanidad y la humanidad rebosa pasión.
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