Te di el poder de lastimarme,
porque sabía que no lo harías.
En ese instante vi tus ojos, palpitaban.
Palpitaba mi corazón y se moría;
se moría por saber que iba a suceder.
Estabas sanando un corazón roto que intenté curar solo, pero al mismo
tiempo te estaba entregando algo muy mío:
la confianza.
La abrazaste, y vino a doblegar todos tus deseos más rojos.
Aprendiste a mirarme en ese instante que te ofrecí mi corazón, mi amor, mi confianza.
Todavía tengo miedo, de que vos también pisotees ese tesoro,
que te entregaba.
No creo que seas la persona perfecta para mí,
pero si la correcta, porque sonreíste en ese momento
y me dijiste:
Tranquilo. Yo también, vengo a ofrecer mi corazón.
If you liked this post, consider buying the writer a coffee
Buy a coffeeOur picks
Become a supporter of quaderno
Support this independent project and get exclusive benefits.
Start writing today on quaderno
We value quality, authenticity and diversity of voices.
.jpg-increased-Ccmn6g)
Comments
There are no comments yet, be the first!
You must be logged in to comment
Log in