Con esa frase tuve que dejar de leer el libro y dedicarme a escuchar la conversación, hecho que me apasiona. Sentarme en un bar con un libro es más una excusa para no parecer el loco que escucha y mira.
Era un clásico viejo de pueblo explicando su sordera. De los siete hermanos que eran, sólo quedan seis, y los seis sordos. Apross, la obra, social también tiene el mismo problema, porque hace caso omiso, comentaba el don. El mundo de los sordos.
Pero la conversación no iba por ahí en realidad. El hombre se acercó a una conocida de la juventud para saludarla. "Discúlpame pero te vi cuando entré y me dió vergüenza saludarte".
Yo, agradecido de estar presente. Un señor de unos setenta y cinco años confesandose. "Me sentía incómodo en la mesa porque sabía que eras vos, así que discúlpame pero te tenía que saludar."
En un reflejo del ventanal los encontré y pude verlo emocionado. No era un viejo amor como pensé en un principio. Relojeando a la señora podia ser su hija. De hecho luego agregó "siempre te veo ahí en las fotos con tu viejo, que alegría".
El cumple de Jesús atrae gente que ya no vive en el pueblo y me atrajo ami, que no conozco a nadie pero me desvelan estas historias. Por eso estoy a las nueve de la mañana de un veinticinco sentado en el bar de la YPF. El único café abierto.
Mientras transcribo esta última información me distrae Luisito. El hombre que gritaba desde lejos ya está sentado en mi mesa. Parece ser el loco del pueblo. Cuantas historias.
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