Me quedé tantas veces,
aunque el alma gritaba que huyera.
Me convencí de tus migajas,
me arrullé en tus silencios,
y bebí del veneno
como si fuera agua.
Creí que aguantar era amar,
que perdonar era fuerza,
y cada herida la cubría
con excusas que inventaba yo misma.
Pero ya no puedo,
ya no quiero.
Me cansé de ser la herida que sonríe,
la voz que calla por miedo a perderte,
el espejo roto que aún te refleja entero.
Hoy me miro y me reconozco:
yo también merezco ternura,
merece descanso mi piel cansada,
merece calma mi corazón deshecho.
Por eso me voy.
Aunque duela, aunque queme,
aunque me tiembre el paso.
Prefiero la soledad sincera
a la compañía que mata lento.
Hoy me digo entre lágrimas:
ya no más.
Porque quedarse en quien lastima
es olvidarse de uno mismo,
y yo… yo ya no quiero perderme.
Our picks
Become a supporter of quaderno
Support this independent project and get exclusive benefits.
Start writing today on quaderno
We value quality, authenticity and diversity of voices.

Comments
There are no comments yet, be the first!
You must be logged in to comment
Log in