(2 años después lo pude escribir)
Es mi castigo, que mi único anclaje a tierra se comience a levantar.
Este barco está dispuesto a zarpar, pero me falta un pasajero. Mi niña, ojitos color otoño, ya no está; no, mejor dicho, me la quitaron, la arrancaron de mi lado y todo por la culpa de un matasanos.
Yo no sé si fue por mi incompetencia y poco raciocinio, o fue a causa de las decisiones de otros que sufro este martirio.
El ver cómo en esa camilla de metal, con una jeringa clavada como un puñal, succionaban un pedazo de su alma y siendo cómplice de esa desgracia, clavando mis manos en su espalda.
Y ella, aun estando en los brazos de su verdugo, me mira con sus ojos de amor, esos ojitos en los que tantas veces me refugié de los golpes de este mundo, que más que mundo es un agobio profundo.
¿Por qué me amas? No lo merezco, no merezco tu mirar, no merezco tu aprecio.
Por mi culpa estás así y por mi culpa vas a morir.
Yo no sabía que el que te puso a dormir no era un veterinario.
Todo por llevarte con un matasanos.
Y lo peor de todo es que aun después de lo que ha pasado, sigo siendo egoísta, solo pienso en mi dolor y no pienso en lo que tu corazón sufrió.
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