Tal vez, si tu alma de ensueño se entera,
en algún descuidado anhelo, que...
No hay surco de aire
que, gozando de tu nombre,
no se venga entre los vientos
y se derrita como polvo de magma
en mi boca, que reza por esa agua
que te aflora de cuajo y me embruja.
Le hablo al pecado,
y tu sátiro vivir
le resulta un orgasmo.
A él le desploman tus blasfemias,
a mí me violentan tus credos.
A tus manos les rezo siglos,
siendo todo lo demás, una santa inquisición
para este cuerpo, que muere por tus aposentos sáficos.
Debo morir en las piernas
que me devuelven la vida.
Debo enternecer mi corazón
en los flujos que me eternizan.
Quiero resucitar, aun si hay condena.
Puedo esperar por aquella agua;
aunque los polvos del magma
vuelvan piedra los labios de esta gorgona.
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