Sauce mío
no llores, por favor.
No llores sauce,
no fue tu culpa.
La vista se me nubla,
el cielo llora contigo.
El corazón se me inundó,
cuando tus lágrimas ví, cuando tu llanto
desnudó un dolor añejo.
Tus ramas se inclinan despacio,
como si buscaran mi voz,
y entre el murmullo del viento
tiembla un recuerdo sin rumbo ni razón.
No sé qué he perdido, sauce,
pero duele como el adiós,
duele como el eco lejano
de algo que nunca pasó.
La lluvia borra caminos,
me borra el alma, el color,
y en cada gota adivino
una historia que se rompió,
algo que no volvió,
y que mi alma heredó.
¿Será tu llanto el reflejo
de lo que en mí se quebró?
¿O acaso somos lo mismo,
raíces que el tiempo olvidó?
Sauce, mi viejo refugio,
tu sombra me vio temblar,
y aunque el agua nos consuma,
sé que sabrás llorar.
Porque hay dolores antiguos
que no saben terminar,
y hay ausencias tan hondas
que no quieren descansar.
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