Mi tiempo hace nido en tus brazos,
como las teclas de luz rotas
que repararás mañana.
Me llevas de viaje en moto
contra el viento.
Conduces rutas hacia los hogares
que vamos construyendo sobre los años.
Olvidas la sal en la mesa cada noche,
se evaporan océanos de café cada tarde
y envejezco esperando esa taza
que derramaste en la cocina.
Tiembla nuestra morada
a causa de tus súbitas carcajadas
y caen las paredes de mi mente
que guardan los textos que te escribo.
La ternura conoce de memoria tu rostro
y mi frío corazón invades con ella.
Se escondía de mí la vulnerabilidad
y perdida estaba yo de tanto buscarla.
La descubrí refugiada en tus ojos.
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