Tengo que dejar de pensar un poco.
Comenzar a soltar, drenar, todo eso que está inundando mi cabeza.
Voy a ahogarme, otra vez.
Y ya perdí la cuenta de la cantidad de veces que caí en esta profundidad inmensa.
Ya se volvió hasta placentero, sentir el frio que recorre tu espalda cuando el vacío abraza tu cuerpo.
El monje sentado en el infinito borde se cansó de darme el buen comienzo.
Ya están hartos de verme entrar por esa misma puerta, buscando quien sabe qué, para hacer más ameno el reencuentro.
La puertita de la angustia implantada en mi pecho vuelve a verme con el corazón abierto.
Le dije "acá te lo traje", puesto en mis manos, sangrando y latiendo.
Hacé lo que quieras con él, si total ya estoy muerto.
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