Para encontrarse con uno mismo hay que adentrarse en el bosque. Emily Dickinson decía algo así como ‘estoy ahí afuera con linternas buscándome’. Ahí afuera donde es oscuro es donde podré llegar a encontrarme.
Quiero decir; donde se escapan las luces del celular, de pantallas, de cámaras y espejos negros. Ahí afuera: en el bosque de árboles tan altos que uno se vuelve chiquito, en el río que lleva a casa, en la comunidad organizada, en el folklore y la tradición y lo contado de boca en boca. Ahí me encuentro. En el contacto con lo natural, lo orgánico. Un mapa dibujado me indica el camino, una mano me guía en la oscuridad, una deidad se preocupa en enseñarme. Un libro, una pintura, una oficina atiborrada de papeles.
Volver a la tradición para volver a ser humanos. Volver a lo fantástico, a convivir con pájaros, con seres alados, con seres que gruñen. Intentar llevar un animal a un zoológico y finalmente dejarlo libre para que me muestre el camino a casa:
Volver a la naturaleza. Al instinto.
A mi nada me parece mas humano que el instinto.
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