Que lindo es volver a los lugares donde uno conoció cierta parte de sí. Esos lugares donde se tomó sol, arena, mares y arcoiris. Donde la luna brillo sobre tu rostro humedecido en lágrimas, secandolas una a una. Donde te abrazaron atardeceres y sentiste qué el universo estaba creando aún más colores para que tu vida pudiera ser un océano de oportunidades. Donde el cielo se despejo para que vos puedas mostrar tu alma. Poderosa, de violetas enloquecidos por estar tantos años encerrados. Ahora, mientras escribo esto, quizas no sea el lugar al que se debe volver, sino a esa parte de uno descubierta. Aunque te digo que si ese lugar es Buzios, encantada vuelvo, las veces que sea necesario reconectar con esa pieza de mi olvidada.
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