De chico siempre fui el que abrazaba,
el que hacía acrobacias por los cielos
con tal de acallar los gritos que se alzaban.
Ese que repartía amor a todo aquel que se cruzara.
Aún lo conservo; es solo cuestión de tiempo
para que todo lo que alguna vez solté de mi ser
vuelva a brillar desde lo más profundo de mi pecho.
Entonces volveré a sentir aquel primer sentimiento
que me llenó el corazón de alegría,
y podré intentar compartilo.
Lo escucho muy dentro mío,
y sé que en cualquier momento puede salir
para, en consecuencia, volver a amar(me)
como realmente merecemos.
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