Vivimos esta vida
como quien viaja con otra escondida en la maleta.
Una existencia de repuesto.
Más vasta.
Más luminosa.
Menos fatigada que ésta.
Por eso postergamos tanto.
Guardamos palabras para después,
amor para después,
la felicidad para una versión futura de nosotros
que supuestamente llegará más sabia,
más valiente,
más preparada para vivir de verdad.
Y mientras tanto
atravesamos los días a medias,
como huéspedes distraídos de nuestra propia historia.
Nos convencemos de que aún hay tiempo.
Tiempo para llamar,
para perdonar,
para empezar de nuevo,
para mirar el cielo sin pensar en otra cosa.
Pero nadie nos advierte
que la vida no tiene borradores.
Que no existe otra habitación esperándonos al final del pasillo,
ni una segunda oportunidad cuidadosamente doblada
entre la ropa vieja del alma.
Sólo esto.
Este instante frágil
que se consume incluso mientras lo nombramos.
Y quizá la tragedia más humana
consista precisamente en eso:
vivir como si la eternidad nos perteneciera,
cuando en realidad
somos criaturas efímeras
haciendo planes infinitos
con el corazón lleno de tiempo prestado.
Our picks
Become a supporter of quaderno
Support this independent project and get exclusive benefits.
Start writing today on quaderno
We value quality, authenticity and diversity of voices.


Comments
There are no comments yet, be the first!
You must be logged in to comment
Log in