Víspera
Jul 31, 2026
Tengo todas las llaves, pero no abro ninguna.
Sé exactamente dónde está la salida.
Podría dibujar el mapa de la vida que no vivo.
Sufrir puede hacerse sentada.
Estar mal no exige nada:
alcanza con quedarse, con dejar que pase el día,
con tener a mano el nombre de alguien
a quien culpar por el domingo.
En cambio florecer hay que hacerlo de pie,
todos los días,
y sin que nadie aplauda.
Por eso elijo lo malo conocido,
que ni siquiera es malo del todo.
Es tibio. Es soportable. Tiene forma de mí.
Y lo nuevo no tiene forma todavía;
hay que habitarlo un tiempo
sin saber si llegará a parecer un hogar.
Lo que todavía me cuesta aceptar
es que para soltar haya que perder algo.
Perder la casa que fui, aunque estuviera mal construida.
Perder la costumbre de mi propia queja,
que era casi una compañía.
Perder la persona que era yo dentro de eso,
que no era feliz, pero era alguien.
Hoy tampoco abrí.
Mañana habrá otra puerta,
en el mismo lugar, con la misma llave,
y volverá a estar ahí todos los días.
Nadie puede atravesarla por mí,
ni siquiera quien me lastimó,
ni siquiera quien me esperara del otro lado.
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