Hoy vino a visitarme de nuevo.
Como Zeus a Prometeo. Como Odín a Mimir.
Como la parálisis del sueño. O el dolor fantasma de los amputados que sienten el peso de sostener algo en una mano que no tienen o la presión de un zapato apretado y la costura de las medias entre los dedos en el pie que les falta.
Como la lengua de los mudos que conoce los pasos de la danza lingüística que articula las palabras pero baila sobre el eco hueco de una garganta seca, vacía y árida como un desierto.
Vino para asegurarse que todavía no cierre los ojos. Que el velo haya caído, pero que el telón siga intacto, suspendido. Como un deseo inconcluso. Como un día que no fue, no es, ni será. Como la semilla de una vida plantada en sal.
Hoy vino a visitarme y dejó el canil abierto.
Pero ahora yo ya no quiero salir.
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