Amarga cae la gota que desgarra el vaso donde el vino hace siete horas reposa. Rosal espinado que sangra tras el sorbo número cien, vaso cuarto, cae al desmayo.
Tres gotas que limpian la tristeza y un trapo que no llega a absorber tanta adversidad. Habitan el centro pútrido y el afuera áspero como espátula en mano ardiente.
Quien ose vivir con alegria que la mano levante, y así de liviano flote por los atardeceres más bellos. Raíz de las nubes, blandas como acero fundido en tu corazón de vapor, agua que cae gota tras gota en la ducha del dolor, sentado en su bañera más suciedad lo recubre, ya su cuerpo se perdió.
¿Qué mano será la que toque este humilde cuerpo embarrado en vino y lágrimas de rosas?
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Constanza Quattrocchi
Me gustaría que la vida sea escribir, hacer, crear y creer en la ilusión eterna. Con amor y dedicación, Coco.
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