Intimar en el silencio sobrio de la distancia... Sin tocarnos, sin medirnos, sin usarnos, nunca se sintió tan cercano.
He aprendido a quebrantar la naturalidad de los deseos carnosos y convertirlos en puras miradas: ni mías, ni tuyas, pero sí ocupan un espacio, respiran en un lugar perdido, sumiso a mis sentidos. Respiran, pero se ahogan en mis trasnochadas.
El tul se evapora entre cárdenos, nocivos, añejos. Permaneces ajeno, inocente a mis toques y penetrante aún cuando cambias, y yo aún velando con cabeza áspera, y tú ni en cuenta.
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