Reclamé el viernes en la noche,
había roto la promesa silenciosa
de dejar de hablar de ti.
Quise que alguien me leyera la mente.
No tengo comparativa
que me permita dejar de elegirte
y eso es injusto.
Yo sería pulcra sin tu toque,
libre de tu nombre
que recuerdo en la cotidianeidad
en la que ni siquiera existes.
Ya nadie usa tu perfume,
ya no me dan risa tus chistes,
ya la puerta no está entreabierta.
Pero todavía me pregunto
si pasa por tu mente
el estruendo de mi risa,
o el roce de alguien
te recuerda al mío.
Siento curiosidad
por lo que existe en un pecho frío,
que no se conmueve de la pureza
de quién lo quiso.
Mis últimos 3 meses
se limitan a intentos,
a rebuscar entre mis carencias
lo que me faltó
para que te quedaras.
Hasta el ser más egoísta es amado.
La crudeza de esa verdad es mía
porque yo lo he hecho.
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