Yo sabía que no podía tener su corazón.
Aún así, quise intentarlo.
Por la forma en que hablaba del amor sabía que él jamás podría comprender mi sensibilidad.
Con los ojos le pedía que me pidiera quedarme, y tal vez así sus noches serian menos pesadas. Nunca lo hizo.
Él iba por la calle como si fuese un muerto, y yo trataba de mostrarle vida en cada esquina.
Nada le importaba. Ni siquiera él mismo. Y definitivamente, yo menos.
Pero había belleza en eso, lo encontraba excitante, como si fuese un reto.
Me hice una operación a corazón abierto, para arrancármelo del cuerpo y entregárselo en las manos, pero él nunca entendió por qué yo le decía todas mis cosas favoritas.
Me pesan todas las cosas que le dije, las que no le dije, las que les dije en clave y las que le dije a medias.
Me pesan las madrugadas jugando hasta tarde, y luego las conversaciones que siempre le seguían hasta más tarde.
—¿Crees en las vidas pasadas?— pregunté una noche.
—No creo ni en mí mismo—. Respondió, entre risas.
Él era muy sencillo. Lo que ves es lo que hay. Y yo me empeciné en encontrar profundidad y arte.
Our picks
Become a supporter of quaderno
Support this independent project and get exclusive benefits.
Start writing today on quaderno
We value quality, authenticity and diversity of voices.


Comments
There are no comments yet, be the first!
You must be logged in to comment
Log in