sabés, amor, que no creo en el destino,
que el escepticismo me habita,
y la reencarnación es un sueño ajeno.
pero si me dijeran que sos
alma de mi alma,
vida de mi vida,
no vacilaría,
no temblaría,
no dudaría jamás.
la vastedad de este amor que nos envuelve
es capaz de hacer temblar al hombre más frío,
porque hemos sabido crear mundos
en los que solo existimos nosotros,
donde el tiempo se detiene
y la realidad se desvanece.
soñamos con ese hogar cálido
que nos espera cada noche,
donde el silencio es un abrazo
y la quietud es paz,
esa paz que mi mente ansía,
esa paz que tus ojos cansados buscan.
sé que un día, al final de todos los caminos,
llegaré a casa,
y encontraré en tu rostro la música que me calma.
escribiré, dibujaré,
pintaré el instante en que tus manos tocan acordes para mí.
y reiremos,
reiremos de lo simple,
de lo nuestro,
y caeremos rendidos al tacto más tierno,
más dulce,
que ablanda corazones hechos piedra,
con el amor que todo lo puede.
y en la noche más íntima,
susurraré tu nombre
hasta que se enrede en mis huesos,
hasta que sea parte de mí.
y cuando el polvo reclame lo que es suyo,
cuando mi cuerpo sea tierra,
sé que seguirás en mí,
de otras formas,
en otras vidas,
siempre.
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