La sangre arde en mis venas, un volcán en erupción,
¿cómo pudiste despojarme de mi paz, de mi razón?
Tu traición es un puñal que hiere profundo,
un eco de dolor que retumba en este mundo.
Quisiera deshacerte, fragmentarte en la penumbra,
atar tus extremidades con hilos de ternura y anudarlos tan fuerte que de tus gritos tu cara se desfigure.
Cada nudo un susurro de mi furia contenida,
cada grito un eco de esta alma herida.
Mis manos, antes tiernas, ahora son garras,
deseando desgarrarte mientras la rabia se agiganta.
Si muero por amor, seré un suicida en sombras,
y si acabo con vos, un asesino que asombra.
Te envolveré en mantas de clavos afilados,
cada abrazo letal será un verso ensangrentado.
Arrancaré cada hebra de tu ser con dulzura macabra,
mientras tus lamentos se convierten en mi música más sabra.
Te veré temblar como una hoja al viento,
mientras tu esencia se disuelve en mi tormento.
Mis caricias serán cuchillos que atraviesan tu piel,
cada roce una promesa de un amor cruel.
Quiero que sientas el peso de mis desdichas,
que cada lágrima caída sea una herida que pichas.
Imagina el dolor que me infligiste sin piedad,
cada suspiro que arruinas es una eternidad.
La tormenta ruge dentro de mí sin compasión,
mi amor se ha convertido en una cruel erupción que hace cosquillas en cada parte de mi cuerpo.
En este juego donde sos el verdugo,
te llevaré al abismo donde el amor es un refugio.
Y cuando caigas al vacío de tu propia traición,
recordarás mi nombre como una maldición.
Así como me rompiste en mil pedazos de dolor, te devolveré el regalo: serás víctima del amor.
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