Maldita despiadada te pusiste una careta para que confiará en vos sabiendo que si te veía con tu verdadera cara no dudaria ni un segundo en irme.
Me hiciste pensar que yo era la culpable, la que tenía la culpa de ser tan deliciosamente confiable para una presa tan despiadada que es la víbora.
Tal vez si tenía culpa de algo... De no haberme dado cuenta de que me estabas envenenando y cuando me di cuenta ya era demasiado tarde para cambiar.
Solo tendré que esperar la hora de mi muerte frente a tu veneno que me Acuna con esa dulzura fingida tuya que tanto añorare pero desearé nunca volver a ver.
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