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VENGO LLEGANDO DE LA LUNA

Jan 27, 2026

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VENGO LLEGANDO DE LA LUNA
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En 1969 el hombre pisó la luna y el borracho del pueblo también.

Desde que Neil Armstrong pisó la luna, don Esteban empezó a pensar en aquel hecho histórico e impresionante que vio por TV junto a sus amigos y familiares en la capital. Él viajó desde su pueblito pesquero solo y exclusivamente a ver este evento que marcaría un antes y un después en su vida. Quedó pasmado al ver al hombre en la luna y, cada día que pasaba, pensaba y pensaba en aquel hecho que él vio en vivo y en directo por TV.

Cuando volvió a su pueblo pesquero, lo primero que hizo fue contarles a sus hijos y actuar la escena de cómo llegaron caminando, imitando la gravedad cero. Ellos lo miraban con grandes ojos, entusiasmados con su actuación.

Don Esteban estaba casado con la señora Lucía. Era un padre ausente, un marido cuestionable, un gran amigo de sus amigos y del vino, el cual lo transformaba en el más vil, malvado y ridículo hombre.

Fue así como un día se fue de farra, tomó vino, jugó cartas y les contaba a sus amigos, que no tenían TV, cómo llegó el hombre a la luna. Se jactaba de lo increíble y de que él lo vio. A medida que pasaban las horas y el vino iba haciendo efecto, por cada vez que iniciaba el relato, este se fue modificando hasta que él pasó a ser Neil Armstrong y realmente pensó que venía llegando de la luna.

Al ir de camino a su casa comenzó a gritar a todo pulmón: “¡Vengo llegando de la luna!”

Y una vez más:

“¡Vengo llegando de la luna!”

En casa lo escucharon. Ya eran las 2 de la mañana y los niños se despertaron. La señora Lucía solo pensó en lo que se venía: una noche de gritos, insultos, palabrotas y el eterno relato de que el hombre viajó a la luna.

Ella pensó que ojalá él se fuera a la luna, pero al ser una mujer cristiana se persignó tres veces por sus malos pensamientos. Se puso a rezar. Los niños se acomodaron para no escucharlo, pero ninguno se acordó de que habían dejado el portón con traba.

Don Esteban llegó y quiso abrir el portón con una patada. Después de todo, él venía de la luna. Pero no lo movió nada. Así que agarró vuelo y se lanzó contra él, gritando que venía de la luna, y solo logró caer de poto en la mitad del pasaje.

Lo tomó como un desafío. Un desafío para el hombre que pisó la luna. Así que agarró más vuelo y volvió a arremeter contra el portón. Este no se movió. Solo don Esteban salió volando más lejos aún.

En la mente de él, era la gravedad cero la que lo hacía volar. Y así estuvo por un buen rato. Hasta que su señora se levantó y sacó la tranca del portón, sin tener tiempo de avisarle que ya podía entrar. Don Esteban venía corriendo como un loco contra el portón y esta vez, en vez de rebotar, pasó en banda cerro abajo y quedó tirado.

La señora Lucía no podía creer lo que había visto. Cómo había visto pasar a su marido a toda velocidad y luego creyó verlo volar cerro abajo. Corrió a pedirle ayuda a sus hijas mayores.

Ellas, de mala gana, fueron a ver qué pasaba. Al ver el cuerpo inerte de su padre le dijeron a su mamá:

—Mamá, quizás se mató.

Y dijeron al unísono:

—Que en paz descanse.

Ambas se ganaron un coscorrón de su mamá y tuvieron que bajar a ver en qué condiciones estaba, o si de verdad estaba muerto.

Pero no lo estaba. Estaba aturdido, pero no muerto. Medio moribundo y en la tierra, no en la luna. Tenía un ojo morado, un diente incrustado en su labio y estaba medio desorientado. Aún no se sabe bien cómo subió a su casa. Quizás de verdad había gravedad cero, porque nadie se explica cómo lograron trasladarlo a la cama.

Finalmente, don Esteban nunca llegó a la luna.

Sí llegó a la sala de urgencia, todo morado y ensangrentado.

Nunca más habló de que el hombre había llegado a la luna, y menos de que él había aterrizado de hocico en la tierra.

sole Rodriguez D.

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