«¿Conque no habéis podido velar siquiera una hora conmigo?» San Mateo 26, 40
Es el llamado de atención del amigo bueno (Jesús), que, no pidió casi nada, solo compañía y ni eso logró optener. Algo así como: “Amigo, ¿Dónde está tu amor, tu hermandad? ¿Dónde estás?”
Ésta reflexión llegó a mi el miércoles Santo, mientras contemplaba, junto a otros hermanos de la Iglesia, una maravillosa Judea llevada acabo por nuestro diácono y varios miembros de los distintos grupos juveniles de mi ciudad.
Saben, agradezco a Dios por su palabra, por los sacerdotes que nos explican las sagradas escrituras, pero, el día de ayer, Dios tenía algo especial para mi y, creo yo, para muchos que estuvimos ahí.
Viendo la representación de Jesús llevada a cabo por el diácono, que fue maravillosa y nos hizo entrar en esos momentos tan duros de la pasión, solo podía pensar en la decepción y el dolor que provocó a Jesús el ver la indiferencia de los discipulos; nuestra indiferencia, MI INDIFERENCIA. Una experiencia dolorosa porque, algo hermoso que, sin duda alguna, buscamos en todo amistad es la compañía, es la presencia, es unidad, es amor.
Jesús no pedía que alguien tomara su lugar, que alguien cargara su dolor, que alguien se llevara su pena. Jesús solo pedía: ¡Presencia! ¡Un otro! ¡Comunión! ¡Cercanía! ¡Amor!
Me conmovió muchísimo y pensé, llevo tan pocos Jueves Santos (o vísperas de la pasión) velando realmente junto a él… Y, a veces, literal, pensando en solo una hora de oración para cumplir… Pero, la traducción que usaron ayer me conmovió muchísimo, resonó en mí: “Siquiera una hora”, es decir, "ni eso mínimo Moisés"… Hermanos, eso es nada en comparación con el Don que significa estar en su presencia, junto a él, con él, en él.
Así que, pensé: - “Señor, yo soy débil, quiero darte un poco más. Quiero velar junto a vos un poquito más, al menos, UNA HORA MÁS UN MINUTO más”, no es mucho, pero es un poco más de lo mínimo que me pides en la experiencia de tus discipulos.
Jesús lo vale. Su amor, su presencia, su sacrificio lo valen. Todas estas maravillas deben ser correspondidas. El Don y amor Trinitario lo valen. Y no solo eso, ¡LO NECESITAMOS!
Acción:
Simple y sencillamente te invito a orar una hora con Jesús o ante Jesús… especialmente en las visperas del Viernes Santo, ante el monumento donde reservaran su presencia Sacramentada. Si no es posible ahí, en tu casa, en tu cuarto, en tu corazón, ahí donde tu Padre ve lo secreto para estar y permanecer con Jesús al menos UNA HORA MÁS UN MINUTO.
Que Dios te bendiga.
(Perdón por los horrores ortográficos, escribo desde el corazón y no con una aplicación)
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