empiezo a creer que mi credo tiene el aroma de tu piel, que en cambio de Dios, llamo tu nombre y saboreo tu color dulce, a mandarina y limón, manzanita roja y hojas de árbol azul, caídas tan bello como tu amor bendito
si adoro estar en tierra hoy es por la sensación escarchada de quererte tanto, desespero porque extraño tus ojos como el ardor y sazón negro de saborear tu sal en mi comida (de todos los días, es sal, orégano, pimienta y ajo, sabor a tí y a mi desespero danzante que hace espirales que traspasan de la baldosa a la tierra del piso, aglomerada de tu llanto lindo) y si me hallo sola es porque busco entre los arbustos de esta ciudad adolorida sin vos el rocío de tu carne dejada en algún mal bar, ¿te probaré en mi cóctel de piña y arándano? ¿me marearé cuando cierre los ojos y te imagine pasando tus manos por las llagas de mi cama?
me faltas como al ídolo su apóstol, como al narciso su espejo río y como al océano la reflexión del cielo
me haces falta a mí, cariño, ella que nunca ha sufrido el tremor vertiginoso y corpulento de la ausencia,
creo que te cuento en mis camándulas como oran las mujeres a la virgen, porque eres tú el santo a quien desmenuso mis pecados, utilizo tu nombre desvergonzadamente mil veces cuando necesito creer en la fuerza de la fe, eres la muletilla de mis oraciones y beso las manos enigma de Jesús a ver si encuentro tu disculpada ternura en el sabor de su sangre,
rezo en nombre de tu pasión.
no busco piedad nunca jamás, si no es en tí.
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