una vez
le secuestraron el corazón.
su ausencia
la sintió como una tragedia.
tenía preguntas
que se revelaban con la mente.
¿algún día volverá?
¿se puede vivir
sin él?
y si vuelve,
¿cómo será?
las estaciones seguían su ruta.
se sentía comprendida
cuando los árboles
sufrían la pérdida de sus hojas
y sobrevivían sin ellas
hasta invierno.
pero el renacer de las flores
pegaba fuerte
en su pecho huérfano,
lo extrañaba.
sin él
no podía disfrutar
de que la calidez del sol
le acariciara el rostro.
una vez
el mundo le regaló una vuelta
tan rápida
y despertó con él.
latía.
vivía.
su ventana dejaba entrar
los cantos de los pájaros,
los rayos soleados,
junto a la primavera
acompañada del verano.
y deseó
que no se fuera
cuando volviera el otoño.
pero incluso su presencia
la sintió
como una tragedia.
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