...
Una pena... de muerte.
-Bienvenido.
-¿Qué?
-Aquí los vecinos son muy discretos. Solo intentaba ser amable.
-¿Donde estoy?
-En un nicho. Un adosado. Está usted en un cementerio.
-Estoy muerto.
-Esa es una conclusión acertada.
-¿Y usted?
-Yo, ¿Qué?
-Que si también está muerto.
-Oh, claro. Sería un desastre estar vivo aquí dentro.
-Los demás muertos... Supongo que hay muchos más por aquí... ¿No dicen nada?
-Ya le dije que son muy discretos. Se ocupan solo de su propia no existencia. Esto es muy aburrido.
-¿La muerte es aburrida?
-Sí. ¿Esperaba otra cosa?
-A decir verdad no sé si esperaba algo concreto, pero, por supuesto no contemplaba una eternidad de aburrimiento.
-¿Una eternidad?
-Bueno, no sé, claro. Acabo de llegar. ¿Hay algo más que esto?
-Yo llevo seis meses, más o menos, y no ha pasado nada. Usted es lo único nuevo.
-Un muerto reciente. A estrene.
-¿De qué ha muerto?
-¿Eso importa?
-No, pero soy curioso. No sé, por hablar de algo.
-Me han asesinado.
-Ehhh, qué interesante...
-Me alegra que le divierta.
-No se ofenda. Ya le digo que llevo seis meses aquí metido, aburrido como un aloe.
-¿No le agobia esta oscuridad?
-Te acabas acostumbrando. Pero, diga, ¿Quién le asesinó?
-Sí es usted curioso.
-Se puede ser muy poca cosa aquí metido, así que...
-El Estado.
-¿Cómo?
-Una inyección...
-No... Bueno sí, eso también, pero... El Estado no asesina, ejecuta.
-Eso es cuestión de Poder. En las guerras, los vencedores juzgan a los vencidos. En la paz, los Estados, juzgan a sus pueblos. Lo llaman Justicia, pero el resultado es el mismo que cuando lo llaman injusticia. El Estado me asesinó.
-¿Era usted culpable?
-Eso no importa. Culpable o no, el Estado se da la potestad de quitar la vida, y mata tanto a culpables como a inocentes. En ambos casos, el Estado asesina, por mucho que a veces lo haga amparado en unas leyes, unas sentencias, una Justicia.
-Pero ¿era culpable o no?
-No.
Eso lo hace más grave.
-En absoluto. La muerte es igual para el inocente y para el que no lo es.
-Pero, al menos...
-Al menos nada... Ningún individuo tiene derecho a matar a otro. Los Estados son un compendio de individuos. Por muchos que sean y por muy cultos, elegantes, bien intencionados, que sean, no deberían arrogarse la potestad de decidir sobre el fin de la vida de nadie.
-Al asesino habrá que...
-El asesino hace lo que nadie debe hacer. Eso no puede ser coartada para que otros hagan lo mismo que el asesino.
-Comprendo.
-No, usted no comprende nada... Usted está muerto.
Dolbach.
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