Madre: ¿por qué te da miedo mirarme?
Lo peor ha pasado junto con mis pecados, todo lo que resta es expiarme.
En mi traslado al destierro dejo cartas a gente que anhelo y vuelo con mis ideas como si fuese yo un señor gaviota imitando el aleteo por encima de las mareas, buscando donde caer parado o en donde ahora parar para dejarme caer en las plumas de mi hembra
viví triste y monótono, dimití al rol de pobre bárbaro; ¿será ella el capellán de mi lázaro o en mi capullo haré suyo lo que antes solo presumía acaparar en mi solitario amparo?
Estoy enojado madre, más de cincuenta días han pasado y su humanidad todavía es cuestionable. Mis convicciones conformistas dictan que de espacio al tic-tac y le cierre las puertas a la inquietud, pero virtud es la paciencia y experiencia no me falta si se trata de esperarla, ¿por qué tanto se tarda madre?
Yo que rompí el silencio para no ser un cobarde, hoy quiero el sonido de nuevo para recordarle que sigo siendo un cobarde.
Sin pedir permiso hipnotizo mis preavisos dejándolos clavados en un lienzo liso para procrastinar la idea de abstenerme de buscar no enredarme de nuevo en su pelo, sus rizos, mis intentos de hacerle llegar lo que escribo terminan en nico herido y ni he querido mencionarlo porque mientras ella hace magia con sus manos y un cuaderno en un banco yo en mi cuarto me descuartizo pensando siquiera en un cuarto de las cosas que de mí hizo
potus, claveles, alegría del hogar, acomodé las flores que acomodaban todo a como dió lugar,
una cámara en tus ojos, una mariposa meciéndose en tu cintura
todo en donde tiene que estar
menos mi todo.
Madre, ¿en dónde ahora ella está?
estoy llenando cuencas de ambrosía con mis lágrimas para tener algo con lo que invitarla a cenar
y ella que orgullosa es, dirá que quitó de sí su piel de diosa y ahora rozará el osado atrevimiento de entregarse al desapego y al escarmiento por no saber pronunciar las palabras mas importantes para los humanos
"lo siento".
De verdad creo que la siento, lejos, cerca, igual dá porque pensarla más fuerte no hará que vuelva más rápido, fiel-mente creo que el ego la vencerá a ella, como lo hizo siempre, incluso cuando empecé a tallar por mi cuenta propia la lápida del compromiso.
Que sabor agridulce que tengo, es agrio su embuste y aunque embista mis puertas rompiendo las bisagras, sabré quién es por cómo respira y los zapatos que luce. Estoy enfermo de añoranza y en la balanza mi corazón cada vez pesa menos, un blues y un vaso más habrán de hacer el equilibrio perfecto, por las noches en vigilia en la que solo podia besar sus defectos y aún así le exclamaba al cielo "son estos los desperfectos más perfectos que beso".
El gin es para la melancolía y las palabras para el reencuentro, pero si ambos se esconden en un cofre del cual no tengo llave, escupiré un trago de agua al suelo por lo muerto que está lo nuestro, esquivando maderas para que no se haga cierto lo incierto y que mi falta de respeto no sea más que una predicción incorrecta.
Quiero morderte, tenerte, sentirte, abrazarte, quemarte, añorarte y odiarte para luego añorarte otra vez; pero no sin antes escucharte pronunciar mi apelativo con mi distintiva tartamudez.
Dejo el resto a tu imaginación, paso la lengua por tu cerebro y mientras tanto manifiesto verte a la vuelta, cuando toque dejar hablar al vino antes de que lo hagan nuestras lenguas.
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