Me gustaría sentarme contigo y jugar con nuestras manos otra vez. Estar acostados mientras me cuentas de los momentos felices que tuviste en tu infancia, ver una serie y tenerte recostada en mi hombro nuevamente.
No podría olvidar aquella imágen de ti jugando con cada rasgo de mi rostro.
¿De verdad habíamos acordado tener algo "casual"?
Ya no puedes llamarme tuyo, ni yo puedo llamarte mía. Terminamos nuestro acuerdo de la mejor manera posible aunque pensé que no volveríamos a hablar.
Sin embargo, llegó un día donde mis piernas se doblegaron y mis brazos perdieron su fuerza.
Viniste, te quedaste conmigo y tu presencia me alivió en aquel momento.
"Tienes un lugar en mi pecho como esta flor tiene un lugar en tus manos".
Fue mi regalo y mi forma de despedir lo que vivimos. Me alegra mucho saber que aquella flor está ahora en buenas manos.
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