me rompiste por milésima vez
y yo me dejé y me dejo
porque al parecer me encanta recoger las piezas muertas de mi alma enterradas en un mar de cenizas donde vomitás tus inseguridades y destruís mis cantos
con la garganta en llamas aún no puedo gritarte y pedirte que me hables
que me digas algo
cualquier cosa
que me amás
que me odiás
que me querés cerca
que me querés lejos
algo
para parar esta máquina de suposiciones y escenarios y vientos que me arrastran y no me sueltan y no me dejan en ningún puerto
y me callo y escucho tus silencios con la atención de una niña a la que le cortaron sus cuerdas vocales y las amarraron a su cuello
no habla ni respira
solo espera
la muerte lenta
de un verdugo
encantador
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