mis palabras no son más que palabras,
y que con sutileza y sudor en las manos
las selecciono porque considero que el dolor volcarán
como el vino en una mesa de melancólicos borrachos.
me escabuyo en lo profundo de mi ser
y el vacío es quien habla,
la perdición me condena
y eso es todo lo que tengo para dar.
eso es todo.
las palabras ya no me alcanzan.
sus sombras permanecieron intactas allí,
aunque su miedo por tocarlas demasiado
o mirarlas demasiado
no ha desaparecido
y, vivió sirviéndole tal mayordomo a la temida tristeza.
tristeza que es tragada sin pensar,
y ahora me doy cuenta,
todo este tiempo tuve la oscuridad
en la boca del estomago,
también lo tuve en la garganta
y en toda mi espalda,
¡en los ojos y en los labios!,
pero nunca, nunca en las manos.
no quise, no quería aceptar que esta oscuridad es parte de un ser aterrado.
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