El sol está brillando tanto como tú, cuando te veía. El lugar huele a rosas cuando pasabas por aquella tienda. La bulla de los comerciantes quedaba en segundo plano al escuchar tu melodiosa voz. Las largas charlas resonaban como un eco lejano en la casa. Un libro lleno de fotos descansaba sobre aquel sillón; al lado, el vinilo reproducía un ritmo lento y bajo. Murmullos y pasos sonaban lejanos. Aquellos días en familia terminaban. La casa de recuerdos estaba siendo olvidada, y con ella, el nombre de quienes la habitaron. Aquello fue olvidado, al igual que mi nombre, que ya no salía de tus labios. Quedaste viviendo un día de mayo donde el sol tocaba tu piel, y por accidente o casualidad, nos conocimos en aquella tienda.
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