Era verano y hacia calor. Mucho calor de hecho. El reloj que teniamos colgado en la pared de la cocina marcaba sus violentos 43° C y una termica de 45°C. Quien no es de la Patagonia tiene la creencia de que vivir en el sur del pais es igual a morir de frio todo el año y cuanto se equivocan. En mi hermosa provincia patagonica en verano es preferible no asomar la nariz a la luz del sol desde el mediodia hasta las cinco de la tarde, porque probablemente termines con quemaduras de primer grado.
El verano era agotador, mi bigote era una sola gota de transpiración. Poco fino pero al fin y al cabo, es lo mas real que podria escribir para tomar dimensión de que tan altas eran las temperaturas.
El calor empezo a subir a medida que el sol subía, y para las doce del mediodía la calle estaba imposible. Sentía que el horno estaba abierto y que tenia mi cabeza directamente adentro. No habia chance de que al verano le faltara todavía mes y medio. No podia pensar en como afrontar las tareas diarias, el trabajo, mi vida personal. Como una cachetada a todos mis pensamientos y en el medio de un caos de frustración mental por pensar como iba a vestirme si no soportaba nisiquiera mi propia desnudez, me tope con unos ojos verdes que me miraron con cierto brillo particular. Tenia unas pestañas alargadas y arqueadas, unos cachetes enrojecidos por el calor, los labios carnosos. Con sus manos amagó a hacerse de lado el pelo que se pegaba en el rostro por la misma transpiración. En otro momento de mi vida, hubiese pensado que eso era asqueroso pero ese dia lo unico que pude hacer fue sumergirme en esa pelicula en camara lenta que me estaba proyectando.
De golpe escuche salir de su boca: "¿Me vas a atender o no?" mientras esbozaba una sonrisa. Mi mente divago mientras todo eso sucedia y me sentí una idiota por volver a la realidad de una manera tan torpe. Me avergoncé y creo que termine enrojeciendome más de lo vulnerable que me senti. Habian pasado solo unos segundos desde que le habia abierto la puerta del consultorio hasta que se sentó frente a mi en la camilla. Comenzó a contarme por que habia acudido a la enfermería, pero en mi mente habia visualizado hasta los besos que nos habiamos dado en la pelicula que me habia inventado. Los enamoramientos a primera vista no son mi filosofia pero me habia sucedido por primera vez.
Su nombre era Ernestina, tenia 25 años. En la anamnesis de enfermería se recaban datos para poder ordenarlos y asi obtener un diagnostico y por ende, un tratamiento. Le pregunte por que consultaba y me dijo que cocinando se habia cortado. Me mostró su mano y efectivamente un corte abria y separaba su piel en la yema de su dedo pulgar.
"Estaba cortando una manzana y se ve que muy canchera no soy porque me re corte el dedo. Mi hermana estaba en casa y pudó ayudarme a poner el dedo bajo el chorro de agua. Creo que después me vendó, pero no me acuerdo porque se me bajó la presión y vi todo blanco. ¿Me van a coser? me da muchisimo miedo".
Note el temor en sus ojos. Sus cejas se arquearon y quedaron en forma de casita. Con una mirada complice busque darle tranquilidad. Le aclaré que primero debia verla el médico para determinar si habia que suturar o pegar. Suspiró y sonrió.
El médico estaba ocupado revisando a los pacientes que habian quedado internados en la sala de guardia. Los golpes de calor eran moneda corriente y quienes trabajaban en lo rural ocupaban una cama mientras recibian sueros intravenosos.
Mientras esperabamos a que el medico venga, aproveche a charlar con ella y completar datos en mi formulario. Cuando alguien no se ha atendido jamas en un hospital, se recaban los datos personales, antecedentes y demas para generar una historia clinica. Esta es la que luego se usa para saber por que ha venido antes un paciente o poder ver su evolución. En mi caso, yo estaba embobada con ella y aproveche a rellenar los campos del formulario mientras disfrutaba escucharla hablar.
Tenia el pelo colorado, casi como una zanahoria. Definitivamente era natural (y lo dice alguien que se ha teñido incontables veces de rojo). Las pecas le cubrian la nariz y los pomulos. Su piel estaba bronceada y las pecas parecian doradas. Tenia un piercing con un brillo en la nariz del lado derecho. Su nariz era perfecta, y quedaba excelente en el medio de su cara. Sus ojos eran rasgados y verdes, de ese verde que se torna amarronado en los bordes externos del iris.
Su boca era algo de otro planeta. Sus labios carnosos cubrian unos dientes que parecian sacados de una publicidad de dentrifico. Blancos, grandes, perfectos. Su voz era suave pero acelerada. Sus ocurrencias se le atravesaban en la información que me iba dando. Perdia el hilo cada cinco segundos pero cuando se daba cuenta, volvia con una sonrisa al tema donde habia quedado.
Unos minutos pasaron hasta que Claudio pudó venir. Nos miro con carta de hartazgo, calor, cansancio pero revoleó los ojos con cara de que no quedaba otra. Se presentó y me pregunto porque acudia la paciente. Le conté, la presenté y le mostré la herida. "Despues de ver tantos sueros, termometros marcando fiebre y labios resecos, un corte es una ocasión especial" dijo Claudio sonriendo. Ernestina sonrió y le mostró su dedo. Definitamente había que ponerle puntos, a lo que ella me miró asustada y me pidió si podia quedarme a su lado. Las heridas y la sangre le bajaban la presión.
No voy a negarlo, ese momento era digno de ser disfrutado. No por la herida claramente, si no porque se habia sentido en confianza conmigo y queria que me quede con ella, eso le daría valor. Mientras el medico buscaba lo necesario para la sutura, yo me dispuse a limpiar la herida y a preparar la zona de trabajo. Claudio dio la primera puntada y Ernestina me apretaba la mano con la mano que tenia sana. Cerraba sus ojos con cierto esfuerzo para no mirar y de vez en cuando, abria un ojo para pispear la situación. Al cabo de unos minutos la herida estaba cerrada y con una gasa que la protegía.
Claudio le aclaró que debia volver a curarse los puntos y a cambiarse el vendaje, que estuviera tranquila y que no lo mojara. Con amabilidad y cara de cansancio, el se despidió y encaró hacia la habitación de la guardia donde los medicos duermen cuando no hay pacientes esperando.
Ernestina me preguntó cual era mi jornada laboral. "Yo soy muy cagona. La verdad que hayas estado fue un golazo porque podría haber terminado llorando o desparramada en el suelo. Si vos estas cuando venga a curarme la proxima, se que no la voy a pasar tan mal" me dijo mientras sonreía con ilusión. Le devolví la sonrisa. Le dije mis horarios en la guardia y que la esperaba. Se bajó de la camilla y me saludó. Me dio un beso en la mejilla. Nuestros cachetes, pegajosos del calor, se tocaron. No me dio asco si no al contrario, me hubiese gustado que ese momento durara horas. Abrio la puerta y se fué.
Quedé flotando entre nubes esperando la proxima visita.
Milu
Aviso importante: no solo habrá contenido reflexivo, si no todo lo que se me ocurra que crea que valga la pena plasmar acá <3
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