A veces creo que no te fuiste,
que vivís en el hueco que dejaste,
que te escondes en mi cuerpo
como un recuerdo que no sabe morir.
Hay noches en que me abrazo tan fuerte
que casi siento tus brazos,
pero es mentira.
Y lo sé,
porque no se siente como vos.
Estoy cansada de esta casa vacía
que soy yo,
de este cuerpo que no reconoce sus propias manos
porque las tuyas ya no lo nombran.
Te busco en el silencio,
en el roce de una sábana,
en la forma en que me tiembla el corazón
cuando sueño con vos.
No sé si vos también me soñás,
o si todavía te duele
no tenerme.
Extraño tus manos, sí,
pero más extraño lo que era mi piel
cuando sabías leerla.
Ahora solo me toco
para recordar que sigo viva,
aunque vos ya no me habites,
aunque te hayas ido
llevándote el único lugar donde yo era hogar.
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