Es este el comienzo de una confesión, buenas noches, aquí estoy por última vez.
Se hizo de noche más temprano hoy y, puedo escuchar aullidos de tempestad esta vez gracias a poder madrugar. Rompiendo una vez más con el imaginario clásico me encuentro.
Verás, en este bosque mis días suelo tallar en árboles, sé que me encuentro seguro en mi soledad pero no sé si me encuentro todavía. ¿Qué paradoja no?
Yo tenía un faro personal, que apuntaba siempre a los lugares exactos que la vida pedía, pero desde aquel día, su luz no me permitió nunca más ver el mar. Y aunque piel de ser salvaje tenga recubriendome el torso, sé llorar lágrimas de oveja sentado en reposeras prestadas donde un cenicero se comparte y nuestros anhelos sufren de una conexión que más que dar lugar a sueños, condena.
Tu voz me hizo ver cuando el silencio era mi confort. Y pude escuchar bajo esta hipoacusia heredada algo que no fuera ruido después de casi, 20 años, habías transformado al lobo sin todavía revelar tu identidad.
Siempre supiste que los niños sonreían al mirarnos, como si prestáramos al mundo una inocencia palpable que otros salvajes podrían solo sentarse a mirar, para envidiar. En algún punto, uno de los dos ya era ángel, y el otro supo dejar de ser monstruo, o al menos, quiso.
Y sí, que sí, que el amor me hizo llorar también. Nadie que nunca haya sido amado podría reaccionar de otra manera, experimentar algo intangible tan fuerte no podía dictarme la respuesta de como expresarme ante algo que nunca conocí. Y cuando hay muchas lágrimas que se derraman por sufrimiento, estas bailaron por descubrimiento.
Pero la humanidad misma me empezó a tratar y desde ahí, abrió heridas que creo no cerrarán jamás. Encontré a mi antagonista y no era yo él, ni aún personificando al lobo. Fui civilización cuando me dejé acariciar por única vez, pero me devolvieron al bosque y ahora estoy lejos de todo lo que podía, o quería querer.
Y ahora la pregunta, ¿volveré a ser feliz? Porque feroz no me queda y no mece mi cuna de orgullo; ¿dejaré en algún momento de ser símbolo del temor? Es a mí a quien el miedo le vuelve.
Pero el miedo siempre será mi hogar, y mientras ahí afuera sigas cuestionándote a quien has de temer y a quien has de amar, yo jugaré con palomas y su alimento pensando en la impotencia de no poder escapar del lugar en el que viviré si no estás.
Quisiera tener la certeza de que vas a volver recorriendome por todo el cuerpo como cuando un pájaro presiente el venir de una tormenta, pero por ahora tengo solo la esperanza.
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