...
Sinceramente.
Es muy posible, lector, que no te quiera. De hecho lo más probable es que no me caigas bien. En definitiva, lo más positivo mayoritariamente desde mí con respecto al prójimo es que lo ignore.
Ya no me gusta el ser humano, de hecho, me parece bastante despreciable.
Tampoco sé si alguna vez lo tuve en alta estima. (Esto me incluye, claro, como miembro de la especie soy también repugnante).
Quiero de veras y más que a mí mismo a muy poca gente. Esa gente sabe quién es.
El resto, los para bien, son personas decentes, que cuentan con mi respeto y aprecio.
Total ¿quince o veinte?
No, no tengo una lista ni me paro a desgranar entre las amistades una. Eso va de natural y no hay que aventar la parva.
Para lo más del elevado número de personas, lo que siento, en conjunto, es un inevitable desdén.
Fabricamos armas, las usamos, matamos por un montón de razones ajenas al básico alimento (de hecho, a estas alturas podríamos evitar matar incluso para eso), violamos, torturamos, esclavizamos, robamos, sometemos, usurpamos...
Somos envidiosos, egoístas, usureros, violentos, rastreros, hipócritas, traidores, ruines, déspotas, genocidas, racistas, machistas, xenófobos, aporafóbicos...
No hay otro ser vivo que reúna tal cantidad de mierda sobre su especie.
Como para querer que esta bazofia domine el universo.
Con el barro aquel, el creador, debió hacer un botijo.
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