Ese amor que conoce cada rincón de mi y yo conozco cada rincón de ella, el que una vez habitó en mi y dejó que yo habitara en él, aquel que sanó por mi e hizo que sanara por el.
Gracias por abrirme las puertas de tu alma, creo que encontré cosas maravillosas, pero sobretodo, te encontré a ti. Mi tesoro más preciado.
Gracias por acompañarme, por amarme y por confiar en mí, lamento no haberte dado la seguridad que necesitabas para seguir, yo tampoco tuve seguridad nunca, así que no sabría cómo brindartela.
Conocí tu amor, tu alma, tu ser, mire tus ojos, te saqué una risa, una sonrisa (la más hermosa por cierto). Y si bien es cierto que no tiene nada de malo que las cosas terminen, supongo que eso también tiene un poco de mentira en nosotras, cuando está claro que nada está bien.
Pero bien es cierto (está vez sí) que una vez amando, es mil veces amando.
Yo te amo y siempre lo haré, no habrá rincón de mi que no extrañe tu ser, gracias por ser a mi lado y amarme una última vez.
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