Tengo tu nombre atorado en la garganta,
es un nudo al que no le encuentro punta
aquel tumor de seis letras que asfixia
y me quita el oxígeno lentamente.
.
Mi cuello entraña desde dentro tus dedos,
acorralando mis cuerdas vocales contra
las parades vacías de mis exequias.
.
Tu nombre es una cuchilla afilada
que traspasa las finas capas
de mi pálida piel,
esa que deja sus marcas en cada rincón
de lo que alguna vez fue tuyo.
Un ancla clavada en mi tórax
que empuja mis palabras para abajo
sin más remedio.
.
Tu nombre fue hecho
para que se pierda entre mis dientes,
para que yo lo triture lentamente.
.
Tiempo perdido disgustando algo que
parece volverse materia sólida
otra vez en mi gañote.
.
Guardo el veneno que me escupís
en un frasquito
y lo saco cada vez que quiero limpiar mi boca.
.
Vomito las mariposas que algún día
lograron hacer metamorfosis
en mi estómago,
y ni con el desagradable ácido
puedo desahacer el tejido
que hiciste de mi faringe.
.
Mi piel exuda las lágrimas
que mis ojos ya están cansados de fabricar;
la sangre se convirtió en lo único cálido que me arropa,
y tengo que aprovechar
el heladizo tiempo
que amenaza con terminar tu tarea
aquella a la que le dedicaste tus mejores destellos
y a la que ninguna de las dos podremos jamás regresar.
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