Flameantes perlas escondidas en la ciudad
reemplazan los faroles que iluminan mi soledad.
Pues el elixir que emana tu cristal
es el encargado de perfumar mi hablar, invadiendo mi ente con aroma otoñal, despertándome con su café y susurrando con su labial.
Tantos tonos cálidos que me hacen recordar
esas negras tuyas que marcan mi compás;
marrones que pintan tu sinceridad,
bellos trozos de sol que me llegan a encandilar,
aquellas canelas que endulzan mi paladar,
chocolates que nunca podré probar.
Suena irónico alabar algo inmaterial que, sin cuerpo vivo, no deja qué anhelar;
pero no puedo dejar de marchitar en tus ocasos.
Me atrapa el pardo al oscurecer tus castaños;
no concilio el sueño con la vigilia de tus ojazos.
Juan Penagos
Escribir es mi hobby, me parece una manera increíble de expresarse. Espero poder conectar con la gente que me lea.
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