Este poema aprendió tu nombre
antes que mis labios se atrevieran a pronunciarlo.
Fue escrito para ti,
aunque nunca supiste cuánto.
Le escribo a tu sonrisa,
a tus labios que imaginé tantas veces,
a los besos que guardé en silencio
y que jamás te di.
Quizás aún me recuerdes…
como yo te recuerdo
en cada rincón donde el amor
se me quedó incompleto.
Tú sigues viviendo en mis sueños,
aunque no estés aquí.
Acaricio tu alma sin tocarte,
y en la distancia
te invento cerca.
Te busqué en las palabras que no dije,
en los mensajes que borré antes de enviarlos,
entre líneas grises
que hablaban de nosotros
sin nombrarnos.
Te busqué para volverte poema,
porque era la única forma
de no perderte del todo.
Tú sabes cuánto te quise.
Y sin embargo…
no supe amarte.
Cada noche miro al cielo
preguntándome si también miras la misma luna.
Mi único deseo es que seas feliz,
aunque esa felicidad
no me incluya.
Te espero en silencio,
con un millón de besos suspendidos
en el aire que ya no compartimos.
Ahora lees este poema
y sabes que es para ti.
Quisiera decirte tantas cosas,
pero el orgullo, el miedo
y el tiempo
nos ganaron la batalla.
Me duele que el final fuera así.
Lloraste en silencio…
y tus lágrimas
no saben mentir.
Tu rabia era dolor.
Tu distancia, una herida.
Y yo…
yo fui demasiado tarde.
Tal vez no eras para mí.
Tal vez el destino no sabía escribirnos juntos.
Pero no importa cuán lejos estés,
siempre latiste aquí,
en el centro exacto de mi pecho.
Y mientras tú sigues tu camino,
yo aprendo a vivir
con el peso de haberte tenido
y el vacío
de haberte perdido.
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