Tus demonios llaman a mi puerta
en la madrugada,
susurran palabras inconclusas.
Los sigo,
porque cada parte tuya me da la
confianza que necesito.
Vos crees que tus demonios son
seres despiadados,
pero en ellos sigo viendo tu mirada
que tantos sentimientos me daba.
El amor sigue en tus roces,
incluso aunque las manos sean callosas
y ardan.
Te odias tanto que querés ahogar
el infierno de tu pecho,
pero yo no puedo evitar salvarlos.
Porque tu infierno es el cielo al que aspiro.
El calor es el verano ardiente que me
da un respiro,
y la oscuridad es aquella que absorbe
mis problemas,
relajando cada músculo de mi cuerpo.
Odias a tus demonios porque crees que
son orgullosos,
pero sigo viéndote a vos en ellos.
Miro aquellos ojos y sigo viendo
el marrón de tu mirada.
Sigo cada paso,
porque sin importar que sean demonios,
son tuyos.
Porque tu infierno siempre será mi cielo
y tus demonios mis ángeles guardianes.
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